Membrillo al horno con miel y nueces
Origen de la receta
El membrillo es una de las frutas más antiguas, cultivada desde Mesopotamia y la Antigua Grecia. En las cocinas del Cáucaso, Asia Central y Oriente Medio, se preparaba tradicionalmente con miel, considerándose un plato festivo y con propiedades curativas. Posteriormente se añadieron frutos secos —especialmente nueces y almendras— para aportar textura y nutrientes, transformando este sencillo dulce horneado en un postre completo. Este plato se solía servir después de una comida copiosa o como un capricho durante los meses más fríos, cuando se necesitaba "calor interior". Hoy en día, el membrillo horneado con miel y frutos secos sigue siendo una opción popular en la cocina de temporada y natural, combinando una rica historia, propiedades beneficiosas y un sabor reconfortante.
¿Qué necesitas para cocinar?
Ingredientes
-
Manteca
-
azúcar moreno
-
Membrillo
-
Limón
-
Nueces
Utensilios de cocina
- Cuchillo
- Junta
- Cuchara
- Lámina
- Fuente para hornear
- Fórceps
- Frustrar
Receta paso a paso:
Paso 1:
Para preparar los membrillos: lave las frutas, córtelas por la mitad y retire con cuidado el corazón con las semillas utilizando una cuchara o un cuchillo especial.
Paso 2:
Engrasa el fondo y los lados de una fuente apta para horno con mantequilla, extendiéndola uniformemente con las manos.
Paso 3:
Espolvorea el fondo de la sartén con azúcar moreno, extendiéndolo de nuevo con las manos por toda la superficie.
Paso 4:
Rellena cada mitad de membrillo: coloca un trozo de mantequilla en el interior (unos 8-10 g por mitad).
Paso 5:
Coloca las mitades de membrillo preparadas en la sartén, con la pulpa hacia arriba.
Paso 6:
Espolvorea la parte superior de cada mitad de membrillo con azúcar moreno, extendiéndolo uniformemente con una cuchara.
Paso 7:
Exprime el jugo de un limón y viértelo uniformemente sobre todas las mitades de membrillo en la sartén.
Paso 8:
Vierta agua caliente en la sartén de manera que cubra el fondo entre 1 y 2 cm, creando así un baño de vapor.
Paso 9:
Cubre la sartén herméticamente con papel de aluminio, asegurándolo bien por los bordes para evitar que escape el vapor.
Coloca la bandeja en un horno precalentado a 180 °C y hornea durante 20 minutos, hasta que el membrillo esté blando y dorado.
Paso 10:
Retire la bandeja del horno, quite con cuidado el papel de aluminio y hornee durante otros 20 minutos. Luego, sáquela del horno.
Paso 11:
Con cuidado, transfiera el membrillo horneado a un plato utilizando unas pinzas.
Paso 12:
Espolvorea cada mitad con nueces picadas.
Paso 13:
Vierta el almíbar que se haya formado en la sartén durante la cocción sobre el plato terminado.
Consejos de cocina:
Elige membrillos maduros pero firmes; los demasiado maduros pueden deshacerse, mientras que los verdes seguirán siendo demasiado duros incluso después de hornearlos.
Asegúrate de pelar la piel, ya que es áspera y cerosa, lo que puede arruinar la textura del plato final (a menos que uses las pieles comestibles muy finas de ciertas variedades).
Retire el corazón y las semillas; esto se hace más fácilmente con una cucharilla o un descorazonador de manzanas especial.
Rocía el membrillo con jugo de limón; esto evitará la oxidación y le añadirá un ligero toque ácido que equilibrará el dulzor de la miel.
Utilice frutos secos frescos: las nueces, las almendras o las avellanas combinan especialmente bien con el membrillo; tuéstelos ligeramente en una sartén sin aceite para obtener un sabor más intenso.
Añade un poco de agua o zumo al fondo de la sartén; esto creará un efecto de vapor que ayudará a que el membrillo se hornee de manera uniforme y evitará que se queme.
Rocíe con miel dos veces: una parte antes de hornear (para caramelizar) y otra parte inmediatamente después de hornear (para obtener un aroma fresco y brillo).
Deje reposar el plato durante 10-15 minutos antes de servir; esto permitirá que el membrillo se ablande y que el almíbar se absorba mejor, revelando así todo su sabor.
